Aprender a decir no

Decía Otto von Bismarck: “Es un gran mal no saber decir con resolución sí o no”. Se refería a la asertividad, una de las habilidades que necesita todo buen trabajador audiovisual. Otro día me centraré en “saber decir sí”, tan importante al principio de toda profesión. Decir sí a nuevos proyectos, aceptar tratos que no son muy rentables pero nos permitirán aprender. Esto es básico y recomendable para desarrollar un estilo propio y ampliar nuestra formación. Sin embargo, hoy voy a hablar de algo que normalmente nos cuesta mucho más: aprender a decir NO. Y con la boca llena.

Decir no a un cliente

Un cliente es aquella persona que necesita tus servicios. “Necesitar” es la clave. Puede aconsejar, exigir y, a veces, dirigir, pero nunca puede imponer. Siempre debemos mejorar nuestra empatía para acertar con sus requerimientos, pero si no les gusta tu estilo, no eres la persona adecuada. Si no te quieren pagar el 50% por adelantado, es porque no terminan de confiar en ti. La lista de contrariedades puede ser interminable, por eso es básico saber elegir bien. Nuestros clientes nos definen como profesionales.

Conviene recordar que un profesional audiovisual consigue trabajo gracias a sus proyectos anteriores. Cada trabajo realizado forma parte del currículum audiovisual y te llevará a tu siguiente cliente. Por ello, siempre hay que elegir lo mejor para nuestro futuro inmediato profesional. Si al cabo de cinco años miras para atrás y estás orgulloso del trabajo hecho, probablemente habrás elegido bien.

Cliente descontento - año 400 AC

Cliente descontento con fotógrafo – 400AC

 

Como anécdota personal, hace poco tuve una experiencia con uno de los peores “clientes” que se me han cruzado en la vida: básicamente me prometía un puesto más o menos fijo, de carácter multi disciplinar y relativamente bien pagado en una pequeña empresa tecnológica. Finalmente, todo quedó en agua de borrajas tras invertir un tiempo considerable en varias reuniones, emails, planes de trabajo y presupuestos que nunca fueron pagados ni apreciados. En cuanto salió el tema económico, tan tabú para este tipo de clientes informales, dije que no a ciertas condiciones injustas y esperando su respuesta, todo acabó de golpe. La comunicación y el interés (y la educación) por parte del propietario murieron lentamente como una estrella enana, dejándome en la oscuridad de los proyectos frustrados. Otra muesca en el revólver que, desde la perspectiva presente, ahora agradezco.

En resumen, los clientes que dejamos pasar nos definen tanto o más como los que aceptamos. Es una pena no poder hacer un portfolio público de proyectos rechazados, seguro que añadiría mucho valor a nuestra trayectoria profesional.

No a un jefe

Vamos a diferenciar: una cosa son las formaciones o períodos de prácticas y otra la esclavitud consentida. Hay jefes o empleadores que saben liderar y delegar, pero otros intentarán exprimirte por un precio que no es acorde a la carga de trabajo. Para intentar evitar esto, es aconsejable establecer períodos de prueba y luego redefinir términos, condiciones y salario, si es necesario. Si no te sientes recompensado, no debes trabajar porque no darás el máximo y se resentirá la calidad en el resultado final. Un buen consejo que me dieron al principio: nunca asocies calidad a dinero. Siempre da todo, trabaja al máximo nivel y proporciona toda la calidad posible, luego pelea porque te paguen acorde a ese nivel de profesionalidad. Nunca al revés, si trabajas menos (o peor) porque el salario no es acorde, cometerás un gran error, no progresarás y tu reputación sufrirá. Lo que decíamos antes: nuestra reputación es lo único que tenemos en este gremio.

Di NO

Hay que decir no

 

No a uno mismo

Es importante no caer en la desesperación, no hacer trabajos por debajo del nivel de calidad solo por motivos económicos. “Hoy todo el mundo es fotógrafo”, “No entiendo por qué es tan caro si solo hay que apretar un botón”, “Viene mi cuñado a hacer fotos” y otras perlitas similares son los cantos de sirena diarios que pondrán a prueba tu línea de flotación. No los escuches, evítalos o responde, cada uno con su estilo. Pero recuerda: no somos una herramienta, somos las personas con la formación y experiencia necesaria para controlar las herramientas. Hay cientos de parámetros a tener en cuenta para que todo salga bien. Puede que mucha gente no lo entienda, por eso nuestro deber es educar al cliente y buscar y elegir a los que ya están educados. Jamás hagas una boda por 500 euros si no cotizas: estarás maleducando al cliente y jodiendo a los fotógrafos y videógrafos que sí hacen las cosas profesionalmente. No caigas en esa tentación.

También es vital no quedarse encasillado en un nivel demasiado cómodo, hay que aprender y evolucionar constantemente en esta profesión tan tecnológica y cambiante. Por otro lado, es necesario probar muchas cosas hasta desarrollar un estilo propio. Por ejemplo: prueba la fotografía nocturna, o la macrofotografía, aprende nuevas transiciones de vídeo, aprende a iluminar con 3, 4 o 5 flashes, estudia historia del arte, diseño o arquitectura. Hay que negar la pereza, el inmovilismo y el desasosiego.

Esto es un móvil, es una herramienta

Esto es un móvil, es una herramienta.

 

Tampoco está mal ponerse retos espaciales, negar el trabajo meramente local. Un buen antídoto contra esto sería ponerse un plazo para encontrar clientes nuevos en ciudades, comunidades o países diferentes. El mundo es más pequeño de lo que parece y encontrar a gente que no vive en tu ciudad o incluso que no habla tu idioma pero aprecia tu trabajo es muy reconfortante.

Por último, va a sonar muy manido pero es inevitable decirlo: no pierdas la ilusión ni las ganas. La falta de estabilidad existente en otros gremios se compensa con creces, gracias a la diversidad de proyectos que nos encontramos día a día. Si realmente no te apasiona esta profesión, lo mejor es dejarlo a tiempo. Paradójicamente, un buen NO puede ser enormemente positivo.